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Bajo el peso de
la ley |
¿Iguales ante la ley? Por desgracia, el artículo 14 del la Constitución española sigue siendo
simple papel mojado. Aunque en ese artículo se proclama
que nadie puede ser objeto de discriminación por razón de sexo, la lectura que
parecen hacer de su texto muchos de nuestros legisladores y jueces es que ninguna
mujer puede ser objeto de discriminación por razón de su sexo, dando por
supuesto que ese principio no es aplicable a los varones.
El resultado, para el hombre, es
un trato abrumadoramente discriminatorio en los
casos de separación y divorcio, leyes sobre violencia doméstica con baremos penales más
rigurosos, presunción de culpabilidad frente a las
falsas denuncias, frecuentes arbitrariedades basadas en
la "discriminación positiva" y, en general, toda una cultura de
culpabilización del hombre y victimización de la mujer que, en los procesos de
divorcio, obra en detrimento de los derechos legítimos del padre y sus hijos y,
con frecuencia, favorece intereses ilícitos de la madre.
Durante los últimos decenios,
cientos de miles de hombres españoles, en particular padres separados, se han
enfrentado a esa pesadilla. Han sido expulsados de su hogar y de las vidas de
sus hijos; han tenido que aceptar un ignominioso régimen de visitas administrado
con cuentagotas y, con frecuencia, suprimido impunemente por la madre; han
sufrido un implacable expolio afectivo y económico; se han visto privados del
derecho a la presunción de inocencia frente a las denuncias falsas urdidas
contra ellos como estrategias de divorcio... En definitiva, han sufrido múltiples formas de violación de sus derechos humanos propiciadas por las
leyes y las instituciones
del Estado.
La violación de los derechos humanos
es un monopolio estatal: sólo los Estados y sus instituciones tienen la
prerrogativa de violar los derechos humanos con impunidad. Los Estados
occidentales, que se consideran a sí mismos garantes máximos de esos derechos,
también los violan a gran escala y, como suele ocurrir en tales casos, bajo la
envoltura hipócrita de principios e intereses superiores. La separación
sistemática del padre y sus hijos en los casos de divorcio, el doble rasero de
las leyes de género o la indefensión y presunción de culpabilidad del hombre
frente a las falsas denuncias de su pareja constituyen, en conjunto y por
separado, situaciones de violación de derechos humanos básicos como son la vida
familiar, la presunción de inocencia o la igualdad ante la ley.
Constituyen, en definitiva, la violación de los derechos humanos más
generalizada de Occidente.
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